
¿Por qué esa diminuta diferencia de 0.1°C es importante?
¿Alguna vez ha ocurrido que algún utensilio de vidrio en el laboratorio se rompiera de repente? Sin previo aviso, sin ningún impacto. Simplemente, aparece una grieta. Por lo general, eso ocurre debido a la tensión interna. Si el vidrio se enfría demasiado rápido o de manera desigual, se genera tensión dentro del material. Es como una bomba de tiempo. Para evitarlo, utilizamos lámparas de infrarrojo de onda media. ¿Por qué? Porque estas lámparas “hablan” mejor con el vidrio de borosilicato que las lámparas de onda corta. De hecho, penetran en el material en lugar de simplemente rebotar en él.
Lograr la temperatura adecuada
Lo importante es alcanzar exactamente el punto de recocido para que el recipiente no se rompa durante su primer uso en el autoclave. Incluso un cambio de 1°C puede marcar la diferencia entre un utensilio que dura una década y uno que se rompe rápidamente. Por eso combinamos nuestros elementos MWIR con controladores PID que pueden medir la temperatura con precisión de 0.1°C. Se trata de asegurar que el calor se distribuya uniformemente. Si la intensidad de la luz es demasiado alta o la longitud de onda no es la correcta, el vidrio se daña. La superficie exterior se expande mucho más rápido que el núcleo, lo que provoca nuevas fisuras. Las lámparas MWIR permiten calentar todo el recipiente de manera uniforme.
Los compromisos (porque nada es perfecto)
No fabricamos estas lámparas para generar un calor extremo. Las creamos para lograr estabilidad. Claro, podríamos usar tubos de alta potencia para calentar el vidrio más rápido. Pero entonces, ¿cómo ajustar la temperatura con precisión? Se convierte en un verdadero problema. Hay que equilibrar la potencia con la rapidez con la que los relés de estado sólido pueden cambiar de estado. Si no lo logran, se producen fluctuaciones de temperatura. Y esas fluctuaciones superan fácilmente el límite de 0.1°C. Además, hay que considerar la configuración física. No basta con poner las lámparas en una caja y esperar lo mejor. Hay que planificar la distribución del calor y asegurarse de que no haya zonas frías. Incluso los reflectores deben estar ajustados con precisión. Si están mal ajustados, no importa cuán precisa sea la lámpara; seguirá habiendo tensiones desiguales. Es un desafío, pero es la única forma de asegurarse de que los utensilios de vidrio no exploten.